viernes, 7 de enero de 2011
La identidad de nuestro ministerio.
Queridos Amigos.
Hoy es una fecha especial para mí, porque me encuentro celebrando cuatro años de ministerio ordenado.
En aquellas fechas, yo era un joven anglicano, que admiraba profundamente la identidad inclusivista de la llamada Iglesia de Inglaterra, y muy en especial, la corriente más liberal de ésta, presente en la Iglesia episcopal de los EE. UU. (ECUSA).
Desde muy joven supe, que el mensaje cristiano, debería de responder a los cambios culturales propios de ésta época. Algo que veía bien reflejado en la cristiandad de los países de habla inglesa. Sin embargo aquí en México, me topé con mucha resistencia por parte de la gente, y tuve que toparme con líderes muy tradicionales y conservadores que me obstaculizaron en mucho mis proyectos.
Entonces comprendí que quizás, Latinoamérica aún no estaba preparada para estos cambios en su religiosidad (y le denomino como religiosidad, porque considero que esto se debe a un fuerte apego a las costumbres y la cultura dogmática de una moralidad de represión y autocensura) aunque quizás sí nos hallamos más abiertos hacia una nueva espiritualidad.
A nuestro pueblo le puede mucho modificar sus posturas sobre asuntos concernientes a la moral religiosa dominante; en especial aquella que tiene que ver con los valores de regulación de masas. Es decir, aquellos relacionados con la reproducción, la familia, la educación, etc.
Toda esta situación terminó por frustrarme. Hasta que por “azares del destino” (aunque realmente no creo en la casualidad) Su Gracia Ken, me brindó el Curso de
Formación, basado en la Espiritualidad de San Juan. Éste me brindó un panorama diferente, porque hasta ese momento, sólo había visto la parte externa de mi ministerio, es decir su parte social, y no la parte profunda e íntima de éste, que nos convida a una experiencia tangible de lo sagrado. A vivir la Divinidad.
Sin embargo, creo que para el ejercicio práctico del ministerio se debe de responder a estas dos necesidades, lo social y la espiritualidad.
En estos primeros días del mes, me dediqué a un retiro. Creo que ésta es una buena época del año, porque ya ha pasado el ruido de las fiestas de la temporada, y tenemos la perspectiva de un año que comienza.
Este retiro me ayudó a definir una visión para el 2011, al igual que plantearme algunos retos y objetivos. Es por eso que hoy quiero compartir con ustedes, la identidad que he decidido que asumirá el ministerio que le brindo a la comunidad de Cuernavaca.
Nuevos retos. Una nueva identidad por asumir.
En los últimos meses, me he percatado que mi mensaje tiene un cierto impacto entre los jóvenes. Tener por formación profesional la de profesor, me ha dado la oportunidad de no perder de vista las inquietudes (de toda índole) que tienen las nuevas generaciones.
A pesar de que mi ocupación principal es la de educador en el área de sociales, especializado en lengua y literatura, me ha tocado la fortuna de rodearme de un grupo de jóvenes muy sensibles y muy abiertos hacia los cambios sociales, culturales y espirituales.
El día de hoy, me da mucho gusto decir, que he apadrinado a varios jóvenes profundamente interesados por el área literaria, teológica y por la filosofía del pensamiento alternativo no conformista. Y he encontrado en todo esto, una forma muy viva de discipulado, formativo y retroalimentativo, que para mí ha venido a replantearme y redefinir lo que yo entendía por “ministerio”.
Después de una buena autocrítica y de un semblante general de mis experiencias del año pasado, considero y concluyo que es urgente definir una identidad para la Comunidad Apostólica de San Juan (COMUNIDAD APOSTÓLICA DE CUERNAVACA) y definir también hacia qué grupos está dirigido nuestro mensaje.
Con respecto a la identidad del ministerio, me gustaría definirlo como ECUMÉNICAMENTE INCLUSIVO. Esto es, siguiendo un poco el modelo de la Iglesia anglosajona, que respeta todas y cada una de las tradiciones religiosas de los creyentes, en las cuales el ministro no es más que un simple catalizador de la experiencia religiosa de las gentes, y de su relación con la Divinidad. Es por ello que nuestro mensaje estará fundamentado en una espiritualidad que ayude a las personas a mejorar su experiencia individual con la Divinidad, sin obligar a nadie a aceptar la veracidad de dogma alguno, ya que consideramos que parte del desarrollo espiritual del hombre plantea plantearse, replantearse y cuestionar sus propias creencias.
_ Y haciendo hincapié en los estatutos del St. John’s Center con respecto a la inclusión de carácter universal de nuestra Iglesia, y a nuestro espíritu ecumenista, ratificamos la libertad de Rito (cristianos y no cristianos) para nuestros servicios de capellanía, los cuales están abiertos a la comunidad en general.
Con respecto a la identidad teológica de nuestro ministerio, me gustaría definirla como TEOLÓGICAMENTE LIBERAL.
_ Mucho se ha discutido de la existencia de izquierdas y derechas, dentro de los grupos religiosos. Muy en especial entre las iglesias tradicionalistas y protestantes. También se hablan de grupos liberales y conservadores dentro de ellas.
_ Es por ello que para no perder el espíritu progresista con el que arranqué mi ministerio, considero que en necesario tomar un compromiso con esta llamada “izquierda teológica”. Una teología del siglo veintiuno, posmodernista, que responde a las realidades (y no sólo a las necesidades) de la sociedad en la que se desarrolla.
Dirigida principalmente a las necesidades de la juventud.
Además de que esta Comunidad mantendrá su inclinación por:
Lo Femenino.
Las tradiciones Indígenas.
La Sexualidad libre y responsable.
El Librepensamiento.
En Jesús, El Gran Espíritu y Nuestra Señora de las Mesoaméricas.
Es Cuanto.
Daniel+
Ministro Alternativo / Sacerdote Posmodernista.
Comunidad San Juan Apóstol.
Cuernavaca, Morelos, México.
Rvdo.Daniel.Fragoso@gmail.
sábado, 13 de marzo de 2010
Una vocación Cristiana.
Es imperativo que uno de los principales “pilares del cristianismo” es y ha sido el ministerio de la sanación. Sin embargo, uno de los grandes problemas de la evolución de la Iglesia a través de los tiempos, es que ésta parece haber olvidado la gran encomienda que dio el mismo Jesús cuando después de su resurrección se presentó ante sus discípulos y les dijo que fueran por el mundo predicando y dando testimonio de todo aquello que vieron además que les pidió que fuesen también imponiéndoles las manos a los enfermos para que estos sanasen.
Durante la vida pública de Jesús, además de la prédica el Reino de Dios. Su ministerio estuvo acompañado del testimonio de los milagros. Creo en resumidas cuentas, que pese a lo que se abordará en este documento, la sanación de enfermos y la obra de milagros, no es en sí la finalidad misma del ministerio del Hijo de Dios, ni de cualquier Hijo de Dios. Más bien, en todo caso, los milagros son un testimonio tangible de la Presencia/Existencia Real del Reino de Dios.
Durante muchos años. Desde épocas veterotestamentarias se ha desarrollado toda una teología escatológica sobre la naturaleza del Reino de Dios. Hablar de ello no es la finalidad de este texto, pero creo que es bien importante obrarnos una imagen sobre el Reino de Dios.
El Reino de Dios, podemos comprenderlo tratando de hacernos una imagen sobre la aparentemente complicada frase “El Reino de Dios, es ser partícipes de Dios”. Esta frase, pareciera a simple vista estar en una terrible contradicción gramatical, pero sinceramente no es difícil hacernos una idea respecto a esto. En la Biblia están contenidas cerca de tres mil promesas y la mayoría versan sobre el advenimiento de un estado de perfección; el establecimiento del Reino de Dios.
Para poder asimilar mejor esta idea, puedo recomendarles ampliamente un poema de la obra de Gustavo Doré, un célebre y prolijo escritor y dibujante inglés quien además de ser el autor de una impresionante cantidad de textos, fue además un profundo pensador cristiano influido por el pietismo alemán y la facción presbiteriana, además de haber sido diácono de la Iglesia de Inglaterra. En la obra lírica de G. Doré, puede percibirse con claridad la idea de cómo pudo haber sido el “Edén Terrenal” aunque finalmente, esta no es mas que una burda aproximación que el arte y el placer estéticos pueden darnos sobre la verdadera perfección de la Completa Gracia de Dios que hubo antes de que Adán cayese en el sueño de la irrealidad, y el que el Hijo de Dios recuperó para nosotros.
Retornando pues al tema de los milagros. Los milagros deben ser percibidos como una forma didáctica por medio del cual es posible dar un auténtico testimonio del Reino de Dios. Cuando Jesús obraba un milagro, era consciente de que este milagro daba un auténtico testimonio de Él y del Reino.
Si tomamos al Reino de Dios como un estado de perfección (ya que la Divinidad no puede ser menos que esto) podemos ver en el milagro una extensión del Reino de Dios.
Cierto día de febrero del año dos mil cuatro, me encontraba en una celebración ecuménica. Por aquellas fechas ya me estaba preparando para recibir el diaconado y acolitaba a un amigo pastor que fue el organizador del evento. La mejor participación de la tarde, fue la de la reverenda Anita Lutherman- Aguilera, pastora de la Iglesia unida en Cristo. Su prédica hablaba sobre la vocación, llamado y mandamiento que tiene todo cristiano en la construcción del Reino de Dios.
Esta idea, está fuertemente arraigada en el pensamiento protestante americano (especialmente entre las iglesias del bloque denominado “Las Siete Hermanas” encabezado por la Iglesia episcopal -ECUSA-) y el cual ha sido el motor de muchos movimientos sociales importantes dentro de la cultura norteamericana, inspirando movimientos de justicia social y de defensa de los Derechos Humanos.
Aún recuerdo el especial énfasis que la reverenda Lutherman daba a la participación que todo cristiano tiene en poner “manos a la obra” al momento dela construcción del Reino.
Esta idea que ella destacaba me parece por demás maravillosa. La llamada de todos los cristianos a una vocación de servicio al prójimo es sin duda el eje central de la predicación del apóstol Pablo, quien nos exhorta a levar una vida de entrega total al servicio cristiano. Esto con el paso de los años, con la llegada del Renacimiento, la Ilustración y el Pietismo Alemán, fue el estandarte de la proyección social de un cristianismo amoroso y caritativo. Y el día de hoy, es la escuela de pensamiento que ha dado origen a conceptos tan radicales y magníficos como las Garantías Universales del Hombre y los Derechos Humanos.
Sin embargo, esta idea, no por ello dejará de estar incompleta. Hay un trasfondo de vital importancia el cual hemos dejado al margen de la prédica, el testimonio y de la vida cristiana en general: Los milagros, especialmente aquellos relacionados con la sanación, como eje primordial del testimonio cristiano del Reino de Dios y como VOCACIÓN, LLAMADO Y MANDAMENTO para todo partícipe de la Iglesia, pero muy en especial a aquellos que ha decidido dedicar su vida por completo a este llamamiento: los ministros.
Daniel+
